- Da. Dora López Zamora, cursó sus estudios en el Colegio ’’Santa Unión” de Rosario, es una destacada escritora que fue fundadora de ’’Nosotras” Sociedad Literaria Femenina de Rosario, que funciona desde hace’ ya más de veinticinco años, y fue presidenta en-varias oportunidades. Aparte de sus cuentos y leyendas que aparecen en la prensa actual, publicó los siguientes libros: ’’Contra Viento y Marea” Viaje por Oriente en 1930,”Chankanta” en 1933, y ”El libro del Hijo” en 1944. Asimismo ha compartido el quehacer literario con la música, y han llegado al disco algunas de sus composiciones. [1]
- Dora López Zamora de Torres es un espíritu sentimental. Iluminada por una luz interior, ha andado de alma en alma, como hermana piadosa, abriéndolas al desahogo de la confidencia, poniendo alivio a sus penas, serenando con fe sus inquietudes. La señora de Torres ha recorrido este mundo de Yacanto, poblado de dos mil almas escasas —espacio infinito, sin embargo, para quien, como ella, dotada de fina sensibilidad, ha sabido vibrar de amor y de dolor junto a grandes y pequeños—.
Después de comprender el íntimo sentir de los demás, ha redactado estas páginas espontáneas: un libro de caracteres y costumbres, escrito en sencillo lenguaje, a veces con los giros idiomáticos del pueblo. Esta aptitud retratista se revela singularmente en capítulos como Mamá Benjamina, Un baile, ¡Oh, santa gente!, El monólogo de doña María Zárate, Doña Clementina, Un cuento de doña Clementina, La leyenda de las cortaderas y Hermano lobo.
Cuadros henchidos de emoción presenta la señora de Torres para describir episodios de la vida común, como los dedicados a Triste Navidad y a La seca, acaso los mejores del libro.
Tributo mi aplauso a este esfuerzo inaugural de una escritora espontánea que, sin dominio de la técnica y de los recursos retóricos, ha compuesto un libro vivido, profundamente original. Aparte de aquellos méritos literarios, estas páginas constituyen también un documento por su valor descriptivo: en alas de la inspiración de una mujer, el arte ha evocado aspectos de la vida de un pueblo al pie de la montaña, con raíces en la tradición de las primeras familias de Córdoba, pero al que ya se han incorporado con fuerza los nuevos valores de la vida social argentina; un pueblo que sueña y tiene fe.
RICARDO LEVENE
San Javier, febrero de 1930. [2]
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