12 de febrero de 1886, Ciénaga de los Allendes
A los Señores Don Estanislao Castellano y Delicia y demás hijos
Señores: Este debe principiar por decirles que he sentido mucho no haber sabido que mi madre (Rita) no mejoraba, para hacer a un lado todos los compromisos que tenía y visitarla en su última enfermedad.
Por el Provisor (Monseñor Uladislao Castellano) supe que se enfermó mucho y como por dos conductos supe que se mejoraba (fuera de lo que José María dijo a los Molina el viernes, que lo supe inmediatamente) no fui para ir en la semana entrante que ya cesaban los compromisos hasta de despachar al Provisor.
Espérenme el lunes o martes de la semana entrante.
Yo he sabido (del fallecimiento) el martes a las 5 de la tarde, al llegar a Piedra Blanca por un llamado del Provisor. Y en vez de irme a estar entre ustedes llorando, sino con los ojos al menos con el corazón, me volví al Tránsito, para hacer un funeral por el descanso eterno de la finada. Lo hice con la mayor solemnidad que pude, pues fue diaconado y con el mejor aparato negro que tengo en mi Curato y con el apenas abre pagado uno de los 1000 cariños maternales que ella me dispenso desde el día que me conoció.
Para consuelo de ustedes les recordaré lo que ustedes saben mejor que yo: que ella era una santa, que ha ido derecho a la gloria y que era otra madre mía que me engendró con sus bondades y virtudes.
Sin más, hasta la otra semana.

J. Gabriel Brochero
El Cura Brochero: Carta y Sermones – Conferencia Episcopal Argentina
Carta nº 104 – Con fecha 12 de febrero de 1889